El ‘gamer’ como eterno adolescente

Cuando entras de lleno en la adolescencia, parece que el mundo crece tanto, tan rápido, que construyes una burbuja a tu alrededor. Tu vida es el ahora, poco importa lo que pasó hace dos meses, y dos meses en adelante es el FUTURO, con mayúsculas. Una estrechez de miras que reconoces luego, pasados los años. Te embriaga una mentalidad de tribu, no, de manada, que es lo que realmente importa. Lo que creéis tú y tus amigos. Lo demás se mira con desprecio o como amenaza.

Me avergüenza reconocer ese comportamiento en la comunidad de jugadores, que este verano ha alcanzado cotas verdaderamente escandalosas, directamente coqueteando con lo ilegal. Mucho se ha escrito ya sobre el tema del acoso a desarrolladoras de videojuegos y a todos los que osen defenderlas, y mucho más (y se seguirá haciendo) sobre las controvertidas disecciones de Anita Sarkeesian de los videojuegos y el machismo, no ahondaré en eso. La cuestión es que cuando se nos ofrece una crítica, los jugadores reaccionamos con desprecio y rabia.

SarkeesianResearch

La manada responde al ataque, supongo, sólo que le dedicamos más esfuerzo a responder que a escuchar. Forges hace una viñeta tan irónica como cualquier otra, y a morder se ha dicho. Lamentos, decepciones, impotencia y algún que otro insulto. Corremos a darle bombo con tendenciosos titulares, escribimos artículos. Por una viñeta.

Sin embargo no estoy seguro de cuántos han leído la viñeta. Y digo leído, en toda la plenitud de la palabra. ¿Acaso Activision no se ha dejado una cantidad obscena de millones en desarrollar y, sobre todo, promocionar el juego? ¿Acaso no es un «matamuch» más, por divertido y excelente que sea? ¿Acaso no llevamos dos años en los que se nos empuja a hacer de Destiny un fenómeno?

Forges

Los videojuegos son machistas, en general. Las grandes producciones, en concreto. Los videojuegos son violentos, en general. Las grandes producciones, en concreto. Y no es una violencia crítica, estremecedora, reflexiva, artística, es más bien a lo bruto, de carcajada. Poner los triviales tiroteos de Destiny a la misma altura que los horrores de La Chaqueta Metálica o incluso Saturno, es mirar con ojos ciegos de amor la obra de Bungie y con gafas de sol en mitad de la noche más oscura la obra de Kubrick y Goya.

Los videojuegos no son buenos sacudiendo conciencias. Son buenos divirtiendo, enganchando, sorprendiendo, incluso haciéndonos prestar atención, pero no haciéndonos estremecer, ni pensar mucho en lo que estamos haciendo. Hay casos, ¡claro que sí! Papers, please lo hace, una gota de agua en el desierto. Incluso con violencia, incluso con abusos sexuales, eso jamás ha sido una barrera para la cultura. Lo es trivializar con ello, divertir con ello, volverlo cotidiano. Es una violencia de cabeza hueca, de palomitas y cerveza.

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Destiny es una violencia de cabeza hueca, y no tiene por qué ser distinto. Eso no lo hace peor juego, ni disfrutar con él nos convierte en cabezas huecas, no pasa nada. Bioshock también, y tantos otros demasiado aclamados en ese aspecto. Todo mensaje pomposamente sesudo se va al traste a cada granada lanzada a lo loco; una vez a los mandos sólo nos preocupará a quién disparar primero, al fin y al cabo. Es que la guerra es así, es un retrato de la guerra, dijo el cabeza hueca.

Si queremos que respeten los videojuegos, nosotros debemos ser los primeros. Poniendo un Destiny, un Bioshock o el blockbuster de turno a la altura de un Papers, please es elevar una traca en las fiestas del pueblo a la categoría de arte, o rebajar el arte a la altura de una traca, como queráis. Cada vez que la prensa y los aficionados ignoramos un juego que trata de hacer algo nuevo, hacemos este maravilloso medio un poco menos respetable. Cada vez que cumplimos con uno de ellos para inmediatamente verlo hundido bajo el bombardeo de notas de prensa de la Activision de turno, nos volvemos un poco más cabeza huecas. Cada vez que respondemos a una crítica antes de mirarnos al espejo somos un poco más manada. En fin, que si queremos que dejen de vernos como niños, quizá deberíamos empezar a comportarnos como adultos.

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