Que enero nos pille confesados

Qué locura de semanas. Que Nintendo es una empresa diferente lo sabemos todos. En su forma de ver y hacer los juegos como obras, como negocio, en lo peculiar de sus consolas. Pero con Nintendo Switch van a por el récord de lo diferente. Después de romper un montón de moldes con Nintendo DS, Wii y Wii U, esta vez parece que creen que con el tema híbrido basta, que con la pantalla táctil y los Wiimotillos rebautizados (que quede claro que la puerta de Wii está cerrada), es suficiente. Esta vez no hay cascos que nos permiten controlar los videojuegos con la mente, nada de hologramas: dos sticks y un puñado de botones, todos puestos dónde cabe encontrarlos.

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Dónde me parece que se están pasando de diferentes, para bien, es en el manejo de tiempos y de información. Si tomamos por buenos los rumores (a estas alturas, si Let’s Play Video Games (1,2), Emily Rogers (1) o Eurogamer (1) nos dicen que Miyamoto deja Nintendo para probar suerte en la danza clásica, id ahorrando para el Teatro Real), Nintendo va a lanzar una consola en un mes en que casi nunca se lanzan consolas, un Mario unas semanas después de mostrar el primer trailer, y un Zelda para las vacaciones de verano. ¿Para Navidad? Pues a falta de sorpresas, el tuneo de Pokémon Sol y Luna y Pikmin. Va a ser un año raro, raro.

Ha sido curioso el mutismo de Nintendo respecto a sus planes, pretender lanzar una consola nueva sin decir ni pío hasta 8 semanas antes de ponerla en las tiendas. También ha sido curioso que, ese trabajo, se haya trasladado completamente a agentes externos: dos webs británicas y una tuitera, principalmente. Ellos nos han informado de cómo iba a ser la máquina, qué chips llevaría, una potencia estimada, el quita y pon, los juegos… El bombardeo de notas de prensa, vídeos, imágenes, eventos y demostraciones al que habitualmente nos someten, ha pasado a ser un runrún constante de incógnitas. Al final las habladurías han sido ciertas (esas sí, otras no), pero hasta el 20 de octubre tampoco lo sabíamos seguro.Toda una campaña que a Nintendo le ha salido, de momento, por el coste de un vídeo de 3 minutos en Youtube (1).

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Me cuesta creer que Nintendo quisiera someternos a un grado de ansiedad extremo, que su plan fuera explícitamente un desconocimiento absoluto hasta unas semanas de la salida. No le veo el sentido. En fin, haya sido porque les ha sonado la flauta o porque las filtraciones se dirigían detrás de las cortinas, la verdad es que el equilibrio entre lo que podemos dar por hecho y la incertidumbre ha generado una constante excitación que ha convertido a Nintendo Switch prácticamente en algo viral, de foro, de Twitter, de cotilleo. De CEOs de Nvidia, Ubisoft, Bethesda, GameStop hablando de una consola de la que, de boca de Nintendo, sabemos poco más allá de que tiene mandos de quita y pon.

Han conseguido un equilibrio fantástico que nos asegura un Mario pero haciéndonos fantasear sobre él, nos promete un apoyo muy poco habitual entre los Nintenderos con tan sólo un guiño de un juego de hace cinco años, y nos hace soñar con Zelda en un parque sin saber si la batería soportará llegar hasta allí.

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Quedan siete semanas para la cita, la de verdad, dónde nos enseñarán hasta la última esquina de la consola, la más anecdótica de sus peculiaridades, el precio (¡EL PRECIO!), y definirán un catálogo que promete arrollar 2017 por completo, más allá de las filas nintenderas. Y se acabarán, por fin, las incertidumbres, rumores y sueños. Espero. Deseo.

Que enero nos pille confesados.

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