L.A. Noire (Nintendo Switch)

El género Negro, así con unas mayúsculas que lo alejen de las historietas ligeras de kiosko, no nació simplemente como una respuesta más oscura a las historias de detectives clásicas (Doyle, Christie…), si no que son fruto y reflejo de una época de cambios convulsos. Retratan unos Estados Unidos post Primera Guerra Mundial, debatiéndose entre la modernidad y los valores más conservadores, que terminarían imponiendo una ley seca que hizo prosperar, paradójicamente, a los criminales más salvajes de la época. Entre el sindicalismo y el capitalismo sin control, que terminaría en el hundimiento de la bolsa del país, y éste en una larga depresión, con una migración interna de pobreza y miseria.

Todos esos contrastes clásicos de la novela negra me seducen especialmente en el (casi) subgénero de la Angelina, la que sucede en Los Ángeles. Chandler, el gran maestro del noire angelino, retrataba todo el esplendor de la ciudad, capital mundial de los famosos, del dinero, de la fiesta, de la prosperidad y crecimiento, como una pátina de pintura, pintura dorada y brillante, pero con la que se cubrían todas las miserias de la ciudad. Nos habla de policía fascista, de corrupción política por un crecimiento desmedido que desfiguró la ciudad para siempre en poco tiempo,de cómo la ciudad casi masticaba a los pobres, los más indefensos, que se acercaban atraídos por el brillo de los neones, soñando con fama i riqueza. Nos retrata el lado oscuro de la fama con personajes rotos, enloquecidos, o víctimas de unos médicos dedicados a crear drogadictos para aumentar su cuenta corriente. Los personajes suelen ser gente rota por un pasado que intentan olvidar, acudiendo a Los Ángeles, ciudad dónde hay tantos nativos como migrantes, para crearse una vida nueva entre desconocidos. Este mosaico, y ya termino, deja la ingeniosa y sorprendente resolución del crimen en segundo plano, lo importante es el retrato, y lograr saber quién es el menos malo entre tanta miseria y corrupción.

Si contradigo aquí mis habituales esfuerzos de contención al hablar de un juego, es porque, como apasionado del género negro, estoy especialmente interesado en que quede clara la mediocridad de L.A. Noire en todos los apartados, y el desinterés en reflejar, ni remotamente, el género al que supuestamente pretende homenajear. Las tramas son planas, ramplonas, de serial televisivo de hace 40 años. Que quiere apelar a Marlowe y le sale Perry Mason, vaya, aunque no deja de ser sorprendente que falte tanto, incluso el recurso fácil. No hay aquí tramas complejas, nada que no resolvamos en unos minutos y a otra cosa, es que ni tira de clichés como la femme fatal o alguna trama municipal inmobiliaria. Nada, prácticamente ni la estética, escandalosamente genérica, le pone mayor interés más allá de los sombreros.

Jugablemente es de un ridículo pasmoso. El mayor problema es el obsceno presupuesto que dispuso, que sin duda impidió dar marcha atrás a una serie de mecánicas que no funcionan en ningún momento. Os cuento. Un caso (mentira, todos) se nos asigna en comisaría, vamos a la escena del crimen, paseamos hasta que nos sale un icono de lupa y le damos a la A. El fulano toma nota y, cuando ya no quedan Aes que darle, hablamos con alguien que está ahí. El individuo nos suelta su rollo y, al terminar, comienza a hacer muecas grotescas (esto es el motor de capturas gestuales obscenamente caro del que hablaba, que no funciona), lo que significa que miente (si se queda como catatónico es que dice la verdad). Si tenemos apuntado algo sobre eso, lo seleccionamos; si no, pues le amenazamos. Y ya está, vamos a otro escenario, buscamos más Aes, hablamos con un tipo que hace muecas cuando acaba de hablar y, eventualmente, acusaremos a alguien por cualquier motivo.

No es una forma de hablar, en alguna ocasión me desentendí por completo del caso, no leí ningún texto, cada vez que hablaba alguien cogía el móvil y leía prensa (están las cosas calientes, ya sabéis), y apretaba Aes, Equis o Ys, según me parecía las muecas. Al subir al coche tenía marcado los destinos, a los que clicaba sin pensar, miré un montón de colillas y, ¡voilà!, sale el cartelito de acusar, resuelvo, plas, plas, plas, felicidades, detective, le ascendemos. La mecánica es tan, tan mecánica que no es necesario prestar atención, con pulsar algunos botones todo sucederá según lo previsto. Si fallamos escandalosamente un interrogatorio, ¡que no cunda el pánico!, nos llamarán de comisaría para decirnos lo que nos falta o (y no exagero) el propio interrogado nos lo dirá cuando ve que nos vamos.

Luego todo se salpimenta con un control obtuso, unas escenas de acción sin sentido, unas persecuciones malísimas en coche, o de esconderse detrás de las farolas, y ya. L.A. Noire es un fracaso escandaloso, sin más, que ni siquiera se sostiene en la parte narrativa por unos guiones pueriles, incoherentes, aburridos y mal estructurados, en los que les veremos el plumero a los tres segundos, quedando los sabuesos como unos tontos del bote. A las dos horas estaremos deseando que termine, o la muerte, una de dos. Un completo desastre.[1]

 

 

L.A. Noire

Desarrollador: Rockstar Games

Editor: Rockstar Games

Lanzamiento: 14 de noviembre de 2017 (49,99€ Europa/49,99$ América)

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