Condicional Perfecto

Si quedara algo de pudor en este mundillo, este artículo habría comenzado con un enlace a un blog en el que se explica una historia. La historia, que ya no está dónde habría estado, habría hablado de ciertos tratos entre primeras y terceras compañías de videojuegos y de la deriva de lo que empezó siendo un refuerzo de tu imagen de marca a lo que habría acabado siendo minar la de los demás. Las voces cantantes del relato podrían haber sido Sony y Ubisoft, con un especial protagonismo del caso Watch_dogs.

Resumiendo, Sony habría negociado (o Ubi se habría dejado querer) la exclusiva del Assassin’s Creed Hack sin éxito, pero sí habría conseguido cosas como DLC de primer día exclusivos durante 6 meses (financiados parcialmente por Sony), retraso de todas las versiones hasta que los DLC estuvieran listos (de otoño de 2013 a mayo de 2014, y Ubi habría aprovechado para pulir el juego), packs de consolas con el juego, Sony habría corrido con los gastos de promoción a cambio de que nadie más pudiera anunciarlo en 3 meses, el juego anunciaría funciones de PS4 (compartir vídeos) y retraso de 6 meses de la versión WiiU. Parece que intentó la cancelación sin éxito, ya que la versión de Nintendo al parecer estaba hecha a finales de 2013, y varios periodistas habrían visto dicha versión empaquetada ya hace casi un año, durante una prueba del juego en las oficinas de Ubisoft.

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La historia se habría redondeado con prácticas similares en el caso de Destiny o la respuesta de Microsoft con Tomb Raider, entre otros. Sin nadie que lo defienda, el PC (dejemos a Nintendo ya a un lado) podría acabar siendo el mayor perjudicado del asunto, algo así pasó ya con el propio Watch_dogs. Esto sonaría a la historia de siempre con las exclusivas, pero también podría dejar en evidencia una mayor debilidad de los fabricantes respecto a los grandes editores independientes. Una exclusiva ahora cuesta cubrir totalmente con los altísimos gastos, y sólo les habría quedado la opción de pelear por las migas sobre el mantel. Es decir, que los fabricantes deberían desembolsar grandes cantidades de dinero no ya por mejorar su imagen, si no por tener el privilegio de poder perjudicar la imagen de marca de los demás y crear incertidumbre sobre el futuro de ciertos lanzamientos en la competencia. Pero para actuar así se necesitaría un cómplice.

Toda esta historia, estos cambios, habrían sido bien sabidos por los medios desde hace meses. Quizá alguno crea que no es interesante, que no vale la pena, que no importa. Deberíamos tomar nota de los que piensan así. Otros, sencillamente, habrían temido las represalias. Hacer algo así conllevaría la sombra de dejar de recibir copias por adelantado para análisis, o un abandono de ciertas campañas de promoción, u olvidos en invitaciones para eventos, o que dejen de contar contigo para ciertas informaciones. No digo que eso pueda pasar, eh, ¡qué va!, sólo que ciertos medios pequeños e incluso medianos podrían temer eso, no llevarse tan bien con el coleguita relaciones públicas de la empresa de turno. No hacen falta maletines, no hace falta decir nada. Ya se entiende. Ese tipo de cosas.

Goodfellas

Pero, como digo, es un tema que corre por varias redacciones desde hace mucho. No concibo que ningún medio grande, independiente, relevante, reputado, de nivel mundial, no sepa nada de esto, o de cosas por el estilo. No han tenido coraje. También me parece normal: el medio grande, como medio, es grande; pero las personas que trabajan en el medio grande pueden ser tan pequeñas como cualquier otra, con unos miedos no muy distintos. Y ojo, que hay antecedentes. Desde Eurogamer Robert Florence tuvo la valentía de apuntar una reflexión sobre las cuestionables relaciones de los periodistas y los relaciones públicas de las grandes editoras. El tema se saldó con un artículo editado en 24 horas, tijerita por aquí y por allá, y el despido fulminante del autor, que anunció que ya no podría volver a publicar en el medio. ¿Les pediría alguien el despido del redactor? No lo creo. Con mostrar un mohín basta. No hace falta decir nada, ya se entiende.

Luego ya están los completamente abducidos sin remedio. Los que se prestan con alegría al juego, los que conociendo lo que se cuece predican sin vergüenza la versión oficial de turno, incluso escriben noticias y textos que ahondan en provocar incertidumbre, sabiendo que los tiros van por otra parte.

poncho

El artículo que habría enlazado al principio, fue retirado en menos de 24 horas por su autor, ya que habría recibido una amable petición de una de las editoras independientes citadas en él. Esas serían las empresas que tenemos, la prensa que leemos, los redactores que seguimos. No habrían quedado para mucho más que megáfonos de notas de prensa, amigablemente amordazados o directamente cómplices. Nada de preguntar y profundizar, nada de denunciar, nada de comportarse como si fuera prensa de verdad. En algún momento deberemos empezar a pensar sobre qué queremos escribir y dejar de escribir sobre lo que quieren. Quizá algún día alguien se pregunte qué está leyendo realmente cuando pase por el MacAuto diario de noticias. Visto lo visto, ese día no está cerca.

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